El cooperativismo en la Amazonía ha pasado de ser una idea de apoyo mutuo a convertirse en el verdadero motor de la región. En lugares como Pará, miles de familias dependen de estas uniones para salir adelante. Un impacto muy claro se ve en las mujeres recolectoras: gracias a organizarse, muchas no solo han mejorado sus ingresos, sino que han logrado estudiar y abrir sus propios negocios, algo que antes parecía inalcanzable.
Mirando hacia el futuro, el gran paso que quieren dar es procesar sus propios productos. En lugar de vender solo la fruta o la castaña cruda, el objetivo e instalar sus propias fábricas para vender el producto ya terminado. Esto permitiría que el dinero se quede en la comunidad y no en los intermediarios. Es una apuesta por crecer y dejar de ser solo proveedores para ser dueños de toda la cadena.
Pero este camino tiene sus retos. Uno de los más grandes es la educación; no solo aprender técnica, sino entender que el grupo es más fuerte que el individuo. También necesitan que el gobierno y los políticos entiendan que las cooperativas no son solo grupos de vecinos, sino empresas serias que pueden mejorar la economía de todo un municipio si se les apoya correctamente.
Por último, hay una tarea pendiente con el cliente final. Muchas veces la gente elige lo más barato sin saber que, detrás de un producto de cooperativa, hay un trabajo justo y ecológico. El desafío es lograr que las personas valoren ese esfuerzo al hacer sus compras. Trabajar juntos sigue siendo la mejor forma de progresar sin perder nuestras raíces.