Como reflexión puedo decir que, el ejemplo del cooperativismo en la Amazonía demuestra que este modelo no es solo una forma de organización, sino una verdadera estrategia de transformación social y económica. Me llamó mucho la atención cómo, al unirse, especialmente las mujeres recolectoras, han logrado no solo mejorar sus ingresos, sino también acceder a educación y emprender. Esto refleja claramente que cuando existe gestión democrática, participación económica y educación principios fundamentales del cooperativismo se generan oportunidades reales. No se trata solo de producir más, sino de empoderar a las personas y fortalecer su autonomía dentro de la comunidad.
Además, considero muy importante la meta de dejar de vender únicamente materias primas para pasar a procesar y comercializar productos terminados con valor agregado. Esto muestra una visión de desarrollo más integral y sostenible. Sin embargo, coincido en que los desafíos son grandes, se necesita más formación, mayor apoyo estatal y también un cambio en la mentalidad de los consumidores para que valoren el trabajo justo y comunitario detrás de estos productos. Pienso que el cooperativismo puede ser una vía sólida para el desarrollo regional, siempre que exista compromiso colectivo, educación constante y reconocimiento de su impacto económico y social.