Se logró entender que la gestión es uno de los aspectos más importantes para el buen funcionamiento de una cooperativa. Además, no es necesario mantener los principios de solidaridad ni de trabajo en equipo, aunque también es necesario planificar bien las actividades y gestionarlas con responsabilidad. Estoy de acuerdo con este planteamiento, porque muchas cooperativas fracasan no por falta de compromiso, sino por desorden interno y mala gestión.
Un punto que se puede valorar y considerar es la transparencia. Las personas deben saber que esto es así, que es su decisión y que utilizan los alimentos. Cuando esta información no parece clara, surge desconfianza y conflicto. De hecho, la transparencia ayuda a fortalecer la confianza y la participación dentro de la cooperativa. Sin embargo, muchas personas no asisten a asambleas o reuniones, lo que genera problemas de comunicación y mala comunicación. Otro aspecto importante es la capacidad, ya que en el pasado el cooperativismo atravesó una etapa de debilidad debido a la falta de personas preparadas para gestionar. Es evidente que el cooperativismo requiere capacitación constante, tanto técnica como organizativa, para que comprendan cómo funciona realmente un cooperativista y cuáles son sus responsabilidades.
Desde mi punto de vista, la gestión cooperativa es un punto fuerte cuando existen organización, participación y capacitación. Sin embargo, cuando existe una comunicación, comprensión o compromiso erróneos, la gestión se convierte en una dificultad que puede afectar la sostenibilidad de la cooperativa. Por lo tanto, lo cierto es que el cooperativismo no es un cooperativista solitario si se aprende a gestionarlo de forma colectiva.