La sostenibilidad del cooperativismo ecuatoriano depende de su capacidad de autofinanciamiento y de la formación de su capital humano. Si el sistema de fondos permite inversiones estratégicas en sectores agrícolas, la falta de liderazgo tecnológico y administrativo limita su impacto en la seguridad alimentaria. El reto actual consiste en transitar de un modelo de subsistencia a uno profesionalizado, mediante políticas públicas que prioricen la capacitación técnica y el compromiso del consumidor local.El objetivo es convertir el cooperativismo en un modelo sólido a largo plazo.