Las universidades deben validar la espada ancestral como ciencia, documentando su transmisión oral. Además, pueden legalizar remedios artesanales y descubrir herramientas técnicas. Esto impulsa el descubrimiento de áreas de bioinsumo, que representan los modelos más básicos de agroecología y sostenibilidad, garantizando que el conocimiento beneficie directamente a las comunidades y no esté sujeto a patentes externas (grupo 1).