Una expedición a la Amazonía ecuatoriana es mucho más que un viaje turístico; es una inmersión profunda en el pulso vivo del planeta. El impacto inicial es sensorial una sinfonía de sonidos, una humedad envolvente y una biodiversidad que parece no tener fin, con delfines rosados en los ríos y monos jugando en el dosel superior. Más allá de lo visual, la verdadera esencia está en la conexión con las comunidades indígenas. Aprender sobre su profunda relación con la selva transforma la visita en una lección de respeto y sostenibilidad. Esta experiencia, sin duda intensa y alejada del confort convencional.