Desde mi perspectiva, la verdadera riqueza cultural de estas comunidades reside en la profundidad de su conexión con el entorno. Es fascinante ver cómo han logrado convertir su cotidianidad, desde la elaboración de artesanías con materiales naturales hasta el manejo de la chakra y el conocimiento de plantas ancestrales, en una herramienta de reafirmación identitaria. Esta riqueza se manifiesta en esa voluntad de compartir su cosmovisión y sus técnicas de vida con el visitante, transformando el turismo en un diálogo de saberes donde el patrimonio vivo de los pueblos quichua y otras nacionalidades se convierte en el pilar fundamental para proteger su territorio y su historia.