El impacto ambiental del proyecto se centra en un modelo de uso responsable del territorio que convierte la conservación en un activo productivo y no en una limitación. La puesta en valor del cosmos y de las prácticas agroecológicas ancestrales promueve la protección de la biodiversidad local, reduce la presión sobre ecosistemas frágiles y refuerza el manejo sostenible de especies nativas. Al integrar educación ambiental, producción local y turismo de bajo impacto, se genera un círculo virtuoso donde la actividad económica incentiva la conservación, disminuye la dependencia de prácticas extractivas y fortalece la resiliencia ecológica de las comunidades. Este enfoque posiciona al proyecto como un referente de biocomercio responsable alineado con las tendencias globales de sostenibilidad.