El cooperativismo en Ecuador es viable porque no parte desde cero, sino que se apoya en prácticas históricas de organización comunitaria como la minga, el trabajo colectivo y la economía solidaria que ya forman parte de muchas culturas del país. Diriamos que el cooperativismo no es solo un modelo económico importado, sino que puede adaptarse a las realidades sociales y territoriales del Ecuador.
Aunque el desafío principal no solo es crear cooperativas, sino lograr que sean sostenibles en el tiempo. Para eso es clave fortalecer la educación cooperativa, mejorar la gestión administrativa y facilitar el acceso a mercados donde los productores puedan vender directamente y obtener mejores ingresos. Además, el cooperativismo puede aportar al desarrollo local porque no solo busca ganancias económicas, sino también mejorar la calidad de vida, fortalecer la identidad territorial y promover la participación democrática dentro de las comunidades.