El turismo comunitario no puede entenderse únicamente como una actividad económica, sino como un espacio donde se manifiestan las distintas formas de expresión de la existencia, desde el giro ontológico desafiar el dualismo naturaleza-cultura reconociendo las diferentes formas de vivir y convivir con la naturaleza y no como una cosmovisión, materializado en el patrimonio biocultural en un amplio conocimiento sobre el cuidado, respeto y valoración del objeto natural del cual depende su existencia. Estos enfoques permiten comprender que el turismo comunitario es una estrategia o forma de defensa por preservar una cultura tradicional ligada al territorio