Como estudiante de séptimo semestre de Economía de la Universidad Central del Ecuador, considero que el cooperativismo y el asociativismo no solo deben entenderse como formas productivas, sino como estrategias colectivas que permiten a las comunidades generar soluciones frente a necesidades económicas y sociales. Los principios como la participación democrática, la autogestión y la ayuda mutua buscan poner a las personas en el centro del proceso productivo, priorizando el bienestar común.
Considero que, el cooperativismo funciona cuando existe compromiso y confianza entre sus miembros, sin embargo, se que enfrenta desafíos cuando las organizaciones crecen o cuando los intereses individuales comienzan a tener más peso que los colectivos, lo que demuestra que el verdadero reto no es solo crear cooperativas, sino sostener sus valores en el tiempo.
Además, una gestión eficiente es fundamental para mantener la confianza y la sostenibilidad, equilibrando la participación democrática con decisiones estratégicas claras. En territorios aislados u olvidados, el cooperativismo fortalece la resiliencia económica y el desarrollo local. En mi país Ecuador, cuenta con respaldo desde la economía popular y solidaria, aunque aún requiere políticas públicas más efectivas para consolidarse.
Con esta pequeña reflexión tengo una pregunta.
¿Hasta qué punto el cooperativismo puede fortalecer la resiliencia económica de los territorios frente a crisis o falta de empleo formal?