El turismo comunitario es una forma de compartir la vida cotidiana, los saberes ancestrales y la relación con la naturaleza. Las comunidades no solo muestran sus paisajes, sino también cómo siembran, cómo usan las plantas medicinales, cómo preparan sus alimentos y cómo sobreviven en la selva. El turismo se vuelve un intercambio cultural, donde los visitantes aprenden y se llevan una experiencia real, y las familias locales fortalecen su identidad, su lengua y sus costumbres. Además, este tipo de turismo permite que el trabajo se quede en la comunidad, ya que participan familias, pescadores, artesanos y agricultores.
En cuanto al desarrollo territorial, se muestra cómo el turismo ayuda a transformar el territorio de manera positiva y sostenible. Espacios que antes eran pastizales o poco valorados ahora se convierten en chacras diversas, fincas agroecológicas y proyectos turísticos que cuidan la biodiversidad. El turismo se combina con la agricultura, la bioeconomía y la conservación de la naturaleza, generando ingresos sin destruir el entorno. Así, el desarrollo no viene de afuera, sino que nace desde la comunidad, aprovechando los recursos locales con respeto y haciendo que el dinero circule dentro del territorio mejorando la calidad de vida de las personas